27 abr 2013
24 abr 2013
21 abr 2013
1 abr 2013
31 mar 2013
28 mar 2013
"La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra. Es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo. Lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia, se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato."
26 mar 2013
19 mar 2013
El atroz encanto de ser argentinos
Que el nuevo papa sea el primer americano ha impresionado a todo el mundo. A los chilenos, sin embargo, nos llega con más fuerza un solo dato: que es argentino. Para muchos, no se trata de algo grato, porque miramos con mucho recelo a nuestros vecinos. Salvo unos pocos, como un amigo que me dice, "por fin ha quedado claro que son mejores que nosotros". Bueno, no sé si es así, pero, nos guste o no, la verdad es que ellos generan un encanto, algo que nos cuesta entender, en parte porque los vemos como rivales. Pero al final, aunque nunca lo confesemos, también nos gustaría encantar así. Y no sabemos cómo hacerlo.
Tener individuos destacados es tan importante como tener una sociedad organizada. Es cierto, sin sus compañeros, Messi, probablemente, no sería el mejor. Pero él no es uno más; es el alma, el motor de Barcelona. El que genera la pasión, y por ello su presencia es fundamental. Porque en el fútbol, como en toda actividad, no basta ganar; también hay que encantar.
Las figuras argentinas no nacen solas, la sociedad las potencia, las adora, llevándolas a estados superiores. Y las defienden cuando caen en desgracia, como a Maradona. Para ellos, todos son los mejores del mundo, cosa que a los chilenos nos revienta, porque nosotros somos exactamente lo contrario. Y si son ganadores, los tiramos para abajo. Como a Pablo Neruda, por ejemplo, que lo ninguneamos. Porque era comunista, dicen algunos. Porque era creído, otros. A Neruda le hubiera convenido ser argentino, porque sería el mejor.
Algunos dicen que esto tiene que ver con nuestra baja autoestima, que no nos creemos el cuento. Que nos molesta ver el éxito ajeno y por eso castigamos al que lo alcanza. Claro, uno podría decir que los argentinos tienen demasiada autoestima. Pero les resulta, ellos sí se la creen y generan héroes. Y por eso generan personas que llaman la atención en todo el mundo, mientras los chilenos no encantamos a casi nadie. Ni siquiera a nosotros mismos.
Todo este encanto seduce, entusiasma y logra grandes individualidades. Pero también es atroz cuando la sociedad no funciona. Pero la mezcla contraria también es mala. Es cierto, tener una economía ordenada sirve para pagar las cuentas. Pero vivir para eso no conmueve a nadie. Porque al final del día, la estabilidad sólo genera el piso sobre el cual podemos construir. Llegar al techo requiere de personas notables, que corren riesgos inesperados, que se creen el cuento. Y esos tipos generan entusiasmo necesario para que todos avancen. Apostar a ellos es fundamental.
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1564745-el-atroz-encanto-de-ser-argentinos
11 dic 2012
6 dic 2012
No me escribas la pared, solo quiero estar entre tu piel.
Y si acaso no brillara el sol, y quedara yo atrapado aqui,
no veria la razon en seguir viviendo sin tu amor...
y hoy que, enloquecido vuelvo buscando tu querer,
no queda mas que viento...no queda mas que viento.
Y si acaso no brillara el sol, y quedara yo atrapado aqui,
no veria la razon de seguir viviendo sin tu amor...ah...
Oh! y hoy que, enloquecido, vuelvo! buscando tu querer,
no queda mas que viento, no!, no queda mas que viento.
Y si acaso no brillara el sol y quedara yo atrapado aqui,
no veria la razon de seguir viviendo sin tu amor.
no queda más que e l v i e n t o o . . .
26 jul 2012
¿Tener o ser?
Experimentar el amor en el modo de tener implica encerrar, aprisionar o dominar el objeto "amado". Es sofocante, debilitador, mortal, no dador de vida. Lo que la gente llama amor la mayoría de las veces es un mal uso de la palabra para ocultar que en realidad no ama.
Carece de sentido decir: "tengo un gran amor". El amor no es algo que se pueda tener, sino un proceso, una actividad interior a la que se está sujeto. Puedo amar, puedo estar enamorado, pero al amar, no tengo... nada.
28 jun 2012
11 jun 2012
Hoy es AHORA.
pero siento que me esquiva.
Llueve si llega el descanso,
4 jun 2012
1 jun 2012
Bs As NY
30 may 2012
21 may 2012
Viejo con árbol
A un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplén del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un árbol bastante miserable. Después las otras dos canchas, la chica y la principal. Y ahí, debajo de ese árbol, solía ubicarse el viejo.
Había aparecido unos cuantos partidos atrás, casi al comienzo del campeonato, con su gorra, la campera gris algo raída, la camisa blanca cerrada hasta el cuello y la radioportátil en la mano. Jubilado seguramente, no tendría nada que hacer los sábados por la tarde y se acercaba al complejo para ver los partidos de la Liga. Los muchachos primero pensaron que sería casualidad, pero al tercer sábado en que lo vieron junto al lateral ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podía ir a ver los otros dos partidos que se jugaban a la misma hora en las canchas de al lado, pero se quedaba ahí, debajo del árbol, siguiéndolos a ellos.
Era el único hincha legítimo que tenían, al margen de algunos pibes chiquitos; el hijo de Norberto, los dos de Gaona, el sobrino del Mosca, que desembarcaban en el predio con las mayores y corrían a meterse entre los cañaverales apenas bajaban de los autos.
--Ojo con la vía, alertaba siempre Jorge mientras se cambiaban.
--No pasan trenes, casi, tranquilizaba Norberto. Y era verdad, o pasaba uno cada muerte de obispo, lentamente y metiendo ruido.
--¿No vino la hinchada?, ya preguntaban todos al llegar nomás, buscando al viejo-. ¿No vino la barra brava?
Y se reían. Pero el viejo no faltaba desde hacía varios sábados, firme debajo del árbol, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura erguida, la mano derecha en alto sosteniendo la radio minúscula, como quien sostiene un ramo de flores. Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.
--La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá, bromeó alguno.
--Por ahí es amigo del referí, dijo otro. Pero sabían que el viejo hinchaba para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo habían visto aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a Olimpia Seniors.
Y ahí, debajo del árbol, fue a tirarse el Soda cuando decidió dejarle su lugar a Eduardo, que estaba de suplente, al sentir que no daba más por el calor. Era verano y ese horario para jugar era una locura. Casi las tres de la tarde y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando Eduardo entró a la cancha --casi a desgano, aprovechando para desperezarse-- cuando levantó el brazo pidiéndole permiso al referí, el Soda se derrumbó a la sombra del arbolito y quedó bastante cerca, como nunca lo había estado: el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.
El Soda pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. Escuchaba la radio con un auricular y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción.
--¿Está escuchando a Central Córdoba, maestro? --medio le gritó el Soda cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso. El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.
--No sonrió. Y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado. Música dijo después, mirándolo de nuevo.
--Algún tanguito?, probó el Soda.
--Un concierto. Hay un buen programa de música clásica a esta hora.
El Soda frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.
--Pero le gusta el fútbol --le dijo--. Por lo que veo.
El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.
--Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte --dictaminó después--. Muy emparentado.
El Soda lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.
--Mire usted nuestro arquero --efectivamente el viejo señaló a De León, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra--. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de los muslos. La tensión en los dorsales --se quedó un momento en silencio, como para que el Soda apreciara aquello que él le mostraba--. Bueno... Eso, eso es la escultura...
El Soda adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.
--Vea usted --el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un córner-- el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo cadmio y una veladura naranja por el sudor. El contraste con el azul de Prusia de las camisetas rivales, el casi violeta cardenalicio que asume también ese azul por la transpiración, los vivos blancos como trazos alocados. Las manchas ágiles ocres, pardas y sepias y siena de los muslos, vivaces, dignas de un Bacon. Entrecierre los ojos y aprécielo así... Bueno... Eso, eso es la pintura.
Aún estaba el Soda con los ojos entrecerrados cuando al viejo arreció.
--Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el cuatro nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio... Bueno... Eso, eso es la danza...
El Soda procuraba estimular sus sentidos, pero sólo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por De León.
--Y escuche usted, escuche usted... --lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válido--... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle quedo de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos y el pitazo agudo del referí... Bueno... Eso, eso es la música...
El Soda aprobó con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota se cernía sobre ellos como un ave oscura e implacable.
--Y vea usted a ese delantero... --señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado--... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia... Bueno... Eso, eso es el teatro.
El Soda se tomó la cabeza.
--¿Qué cobró? --balbuceó indignado.
--¿Cobró penal? --abrió los ojos el viejo, incrédulo. Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha--. ¿Qué cobrás? --gritó después, desaforado--. ¿Qué cobrás, referí y la reputísima madre que te parió?
El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
--...¿Y eso? --se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.
--Y eso... --vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra-- ...Eso es el fútbol.
30 abr 2012
28 abr 2012
Acto 2
27 abr 2012
Promesas sobre el bidet
Por favor yo te prometo te escribiré
si es que para de llover.
26 abr 2012
24 abr 2012
23 abr 2012
16 abr 2012
Siempre pensado que hay alguien más.
Si mis lágrimas de amor te alejan cada vez más.
¿Es que de verdad no hay nada?
Será que esta vez es el final..
2 abr 2012
29 mar 2012
26 mar 2012
Porque sí
pero la tengo.
está apostando con mis porotos,
13 mar 2012
Hola Facultad
22 dic 2011
15 dic 2011
Oliveira
14 nov 2011
26 oct 2011
2 oct 2011
30 sept 2011
23 sept 2011
Ambigüedad

"Seguro que estarás pensando que por qué no te paso el brazo por la cintura", dijo la Duquesa tras una pausa; "la razón es que tengo mis dudas sobre el humor de ese pájaro flamenco que llevas ahí. ¿Qué te parece si probamos el experimento?
"A lo mejor le da un picotazo", replicó Alicia con cautela, sin ninguna gana de intentar el experimento.
"Muy cierto", concedió la duquesa; "los flamencos y la mostaza, ambos pican; y la moraleja de esto es...: 'Dios los cría y ellos se juntan'".
14 sept 2011
11 sept 2011
11 / 9
En fin, ahora es terriblemente fuerte ver los documentales (todos ellos) acerca de ese día. Algunos dan lástima e impotencia y otros dan bronca y asco.
8 sept 2011

5 sept 2011
Metalenguaje
-Oh, ¿ése es el nombre de la canción? -dijo Alicia tratando de sentirse interesada.
-No, no entiendes -dijo el Caballero, que parecía un poco fastidiado. -Así es llamado el nombre. El nombre real es El Hombre Viejo, Viejo.
-¡No, eso es otra cosa completamente distinta! La canción es llamada Caminos y medios, pero esa es sólo la forma en que es llamada, ¿comprendes?
-Bueno, ¿qué es la canción, entonces?- preguntó Alicia, que ya estaba completamente aturdida.
-A eso estaba llegando -dijo el Caballero-. La canción realmente es Sentado en una tranquera y yo mismo inventé la música.
31 ago 2011
ESTOS SÍ QUE SON GRUPOS!
- Mi mama tambien se sienta en la pc 3 hs a ver los mails de power point.
- 87x/59(1+x)=(18*7x)*(67-x)...fuck this, I'm going to be a stripper.
- When I was a kid I........no wait, I still do that
- What if "x" doesn't want to be found?
- Im drunk.. there for its the perfect time for a serious conversation.
- I'm drunk, therefore what I'm about to do is DEFINITELY an amazing idea.
- Me da paja ser tan pajero
- No soy resentida, me cabe la venganza
- ES QUE ME DA "COSA"
- Apreto ENTER y que sea lo que dios quiera.
- Taxistas que suben el volumen cuando notan que te gusta una canción.
- Waiting for the DVD logo to hit the corner perfectly.
- Who ever invented the "copy and paste" has saved many hours of my life.
- Dude, calm down its gym class...
- I can't hear you, so ill just laugh and hope it wasn't a question
- I need a support group after the end of LOST
- La ducha, es un lugar de reflexión
- Orgullo.. no te dejo por nada en el mundo ♥
- Cuando estoy triste escucho música autodestructiva para sentirme aún peor.
- Estoy bien, estoy bien, me quiero matar, digo, estoy bien, estoy bien.
- Me saca, me saca, TE JURO QUE ME SACA!
- Deseo tanto el fin de semana que ya los miércoles me empiezan a motivar.
- "te juro que me salio del alma"
- Que bien se siente cerrarle el culo a alguien.
- de guachos todos tomabamos fantino
- If you don't want a sarcastic answer, then don't ask a stupid question
- When the teacher stops talking, i look up to make sure i'm not in trouble
- I was calm, until you told me to calm down.
- Siempre hay alguien que te caga la siesta.
- En realidad, no te estaba escuchando
- Culpo a Skins de mis altas expectativas en cuanto a fiestas
- Gente ebria que canta la marcha peronista
- Esa sensación de no tener alma si tardan en abrirse las puertas automáticas
- Me quiero morir por un dia para ver como reacciona la gente
- Contemplar la posibilidad de suicidio cuando suena el despertador
- Si quieren saquenme, yo me voy.. pero van a ver que yo no era
26 ago 2011
18 ago 2011
17 ago 2011
1 ago 2011
...perdí en el camino la conexión!
15 jul 2011
Elecciones porteñas: Lo que no entendemos.
Muchos porteños no entendemos cómo Mauricio Macri pudo alcanzar el 47 por ciento de los votos en primera vuelta. Lo primero que hay que admitir, indispensable: el problema es nuestro, no de los porteños que lo votaron.
Tampoco entendimos en 2007. Hoy, estamos peor. El PRO obtuvo dos puntos más que los que logró hace cuatro años, cuando aun no tenía encima el desgaste de una gestión deficitaria y todavía era, para muchos, una promesa de eficiencia.
Lo que no entendemos, y parecería ser el punto principal, es qué piensan y por qué votan como votan los ciudadanos de la ciudad. La joda es que para hacer política, hay que entender al otro, nunca descalificarlo. Para hacer política, hay que tratar de comprender la complejidad del electorado en el que uno pretende captar adhesiones. En eso, estamos para atrás.
A los que putean porque la Capital es un territorio de garcas y gorilas derechosos, es oportuno recordarles que Cristina tiene entre los porteños un 50% de intención de voto para octubre.
Lo que no entendemos es que hay que pensar todo de nuevo.
Macri ya no es una sorpresa o un globo de ensayo. El PRO ganó 5 de las 6 elecciones capitalinas en los últimos 8 años. En 4 de ellas, alcanzó o superó el 45%. Y gana en todos lados, en todas las comunas. Estará procesado, se tragará el bigote y será un xenófobo que le corta el gas a los internados del Borda, pero gana por paliza. No será subestimándolo que se lo podrá vencer. La pequeñez del enemigo agranda tu derrota, pequeño saltamontes.
Macri no es Cavallo. No es un dirigente liberal de derecha que interpela desde ahí. Es una suerte de pastor mediático cuya religión es el éxito. Ecuménico y resbaladizo. Pero nosotros seguimos confrontándolo como si fuera Cavallo. Para los pibes que debutaron ayer en las urnas, el menemismo es una cosa que terminó cuando ellos empezaban la primaria. Los que atrasamos, somos nosotros.
Ejemplo. No se puede seguir insistiendo con la misma matriz de campaña del balotaje de 2003, cuando Ibarra le ganó a Macri. Pasaron 8 años. El enemigo cambió. El país cambió. El electorado también. No alcanza con las solicitadas llenas de firmas de cantantes y artistas. Ya no causan efecto los spots con las fatigadas caras “del arte y la cultura”. No les pidamos prestada una vez más a los artistas la legitimidad que no nos dio la política.
Nunca menos
El progresismo ya fue, hace mucho. Desde la misma noche que Cromañón dejó casi 200 pibes muertos. Ya no existe como horizonte en la cabeza de los porteños. No es un continente con ambiciones de mayoría. Hay que cambiar el paradigma de construcción política. Estructurando la estrategia electoral con el viejo mapa de progres versus Macri, no hay modo de crecer. Cuatro puntos más en 4 años no son para festejar. Como dijo alguien ayer con aguda ironía en Twitter, “vamos bien, en 16 años a Macri le rompemos el orto”.
Los equipos grandes no festejan los empates, y menos las derrotas. Pretender disfrazar una goleada en contra haciendo foco en la cantidad de corners conseguidos es menospreciar un poco a la tribuna. Claro: dar buenas noticias es fácil. Cualquier boludo anuncia un aumento de sueldo. El problema es que la autoridad (en política como en la vida) se construye dando buenas noticias pero, sobre todo, comunicando las malas. El que apechuga y te desayuna de que viene de bajón, y te contiene y te acompaña en el trance, ese conduce. El que halaga la corona para no mentar al muerto, está fregado. El exitismo de los derrotados no es una estrategia: es una tara.
En una elección, a uno le puede tocar jugar con mejores o peores candidatos. Con más o menos recursos. Con una campaña organizada o enquilombada. Con climas y contextos políticos más o menos favorables. El análisis coyuntural al respecto de estos temas se irá procesando seguramente en estos días y semanas. Lo que nos parece central subrayar es que en cualquier elección y más allá de las contingencias, lo que no puede suceder en una fuerza política con vocación de mayoría es caer en una ritualización de la acción política que vuelva estéril la militancia. No sirve (ni vale) ir a cazar al zoológico. Vale ver 678, escuchar AM 750 y leer Tiempo Argentino si hace falta tener data, buscar letra o levantar el ánimo. Pero ese ánimo tiene que enfocarse en el intento de penetrar el techo propio. Nunca para cimentar nuestra complacencia. Aunque los medios concentrados estén en contra y protejan las barbaridades de Macri. Aunque haya que remar en el dulce de leche. Ese es nuestro desafío. Como colectivo y como individuos. Hay que leer y bucear en Clarín y La Nación. Hay que tragarse a Bonelli y a Magdalena. Hay que tratar de entender y discutirle al vecino que quiere amurallar el palier. No hay otra. Buscapina y garra. Cachamay y corazón. Al enemigo hay que sentirle el olor, bien de cerca, para adivinar sus próximos pasos. De lejos, no lo entendés y te vacuna. La pasión, el compromiso y el fervor militantes exhibidos por miles de compañeros en estos meses es el piso virtuoso desde el cual podemos arrancar una nueva etapa.
Un largo viaje
Como los vendedores ambulantes del transporte público, a veces nos toca tratar de vender productos atractivos. Otras veces, clavos difíciles de digerir. Regla de oro: ningún vendedor bardea al pasaje de un colectivo porque no le compra nada. Agradece, agacha la cabeza, y se baja para esperar el bondi que viene atrás. Los más vivos, cuando van hasta el fondo y tienen a casi todos los pasajeros de espalda, tiran un “¿alguien más quiere comprar?”, para ver si pica algún desprevenido de los de adelante que no se animó de movida. Pero ojo, ese vendedor no cree su propio truco. No piensa que de tanto decirlo, vendió más. Sabe que la verdad no está en las cosas que dijo para seducir, sino en la cantidad de monedas que logró juntar.
Lo que no entendemos es que la ciudad de Buenos Aires es como un enorme bondi. Nadie quiere que le vendan nada. Y cuando lo intentamos, la mayoría de la gente mira por la ventanilla o manda mensajitos con el celular.
Autocrítica, humildad, creatividad, laburo y militancia. En política, siempre hay alguien más a quien sumar. Y, al final del día, lo que cuentan no son las palabras. Son los votos.
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está tan 